sábado, 6 de junio de 2020

MEMORIAS DE UN GATO CHINO

© Jose A. Mayayo

Sinopsis

Tendido en el suelo del desván, con un lapicero de madera cruda, trato de garabatear letra a letra, la historia que me dicta mi gato, en un cuaderno de doble línea, hasta componer un texto legible.  Apoyado en mi brazo izquierdo, mantengo una posición casi imposible, mientras la mina del lápiz rasguea sobre el papel, emitiendo un sonido áspero que por momentos se convierte en suaves chirridos.
        Ninu, mi gato se acurruca bajo mi pecho, transmitiéndome el calor de su cuerpo, con ronroneos suaves, y acompasados trata de hacerse comprender, dictando detalle a detalle las vicisitudes de sus largas vidas. 
        De vez en cuando repaso lo ya escrito, dejándome llevar por la imaginación de las situaciones y paisajes que me detalla mi amigo Ninu, mientras acaricio el pelo suave de su cuello.
        Han pasado ya muchos años de aquellos momentos, en los que escribí los cuadernos, sonrío mientras los leo, y como si me tratase de un espectador aparecen nuevamente las imágenes, el suelo frío del desván, la mezcla de olores astringentes y picantes, envueltos en los aromáticos a manzanas extendidas sobre una base de cañas, o los dulzones de las uvas y ciruelas puestas a secar.
        Todos ellos se entremezclan con la historia de Ninu —¿Cuento o realidad? —.  No lo he llegado a saber, pero si un cuento es el relato de una historia sucedida en un tiempo y país muy lejanos. Esta historia de Ninu, se encuentra dentro de esos parámetros en los que encajan los relatos de historias muy antiguas.
        Hace muchos, pero muchos años, Ninu, nació en una cueva, o mejor dicho en un agujero en la falda de los montes Wudang, en el que se había refugiado su madre para guarecerse del frío del invierno, y poder tener allí a su camada, cuyo nacimiento preveía cercano.
        Ninu nació el noveno, demostrando con ello que se trataba de un hecho muy raro entre los de su especie. Desde su nacimiento estaba condenado a morir, debido a que su madre como el resto de las gatas, solo disponía de ocho pezones.
        El pequeño cachorro tuvo que ingeniárselas para poder subsistir a pesar de ser el más enclenque de todos los hermanos. En la primera etapa de su vida tuvo que defenderse de sus hermanos más fuertes. Su madre no dudó en mostrarle su ira, debido al parecido físico con su padre, un gato pandillero y muy dado a aparearse con cualquier gata en celo. Harta de su comportamiento no dudó en abandonarlo al sentir que su vientre comenzaba a crecer debido a su estado de preñez, abandonando también su vida como gata doméstica.
        Pero a Ninu todos esos impedimentos le hicieron fortalecerse, dejó de depender de su madre, que lo echó de su camada como si se tratase de un apestado, y comenzó su vida en solitario, jugó con una mariposa, que le transpasó enseñanzas básicas para su subsistencia, en sus juegos le enseñó a pelear y a cazar.
        Conoció lo que eran los humanos, vivió en una aldea, luchó por su subsistencia con ratas y otros gatos callejeros, se ahogó, sufrió una explosión, una caída mortal. Acababa una vida para iniciar la siguiente, conoció a Lula, una gatita de angora con la que se emparejó y tuvo hijos.
        Ese podía haber sido el final feliz de un cuento, pero lo que me relató Ninu, fue su vida, y como cualquier vida, no se encuentra sujeta a los deseos de felicidad o infelicidad.  En su historia aparecen personajes normales y misteriosos.
        Son parte de esta historia, Dúshēngzǐ (Hijo Único) un joven guardián de caravanas a las órdenes de su tío Jian Wudi, que después de viajes y peleas, se recluye en el monasterio de los montes Wudang, para convertirse en el monje Léi húdié, (La mariposa del trueno), que tras recibir las enseñanzas de su maestro Liu Quan, fallece y su espíritu convertido en mariposa, se introduce en el cuerpo del gato Ninu. 
        Gato y mariposa unidos, o mejor dicho fusionados, se convierten en un nuevo ser, con figura de gato y el conocimiento de una cadena de antiguos maestros, en busca del humano merecedor de ser el guardián de dichos conocimientos.

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