jueves, 4 de junio de 2020

NANEEWE DOSA-PIA’ISA (EL CLAN DEL LOBO BLANCO)

   

Ya hace dos años que dejé en el baúl de desechos esta novela debido a un infarto.
 Los intentos por retomarla resultaron infructuosos durante todo este tiempo.  He tenido que acudir a los recuerdos de infancia y a los relatos cortos para estimular nuevamente la creatividad. 
     Leer lo que escribí en el año 2018, me ha hecho ver que no soy aquella persona, no podía conectar con los protagonistas, ni su ritmo trepidante. Si tuviera que definir mis dos novelas en una sola palabra lo dudaría:
Pohanapusa = Inconsciencia 
Naneewe = Locura
     El Covid 19, ha hecho que utilice los recursos utilizados para superar mi estado físico y mental, que tuve que fabricar para mi recuperación del infarto, y el confinamiento ha supuesto mi muñeca rusa, un confinamiento dentro de otro confinamiento, para centrarme en la comprensión de la nueva realidad de la novela.
     Me refiero a esa nueva realidad porque he tenido que coser, zurcir y echar pedazos al escrito anterior, para descubrir que cada personaje es mi fantasma, todos y cada uno tienen algo de mi.
Fred Jewel, un joven terco e impulsivo, que es capaz de enfrentarse por instinto al peligro.
Luis González, un joven tímido, psicológicamente inestable, que no ceja en su empeño de alcanzar su destino.
Silkah (Sílice) o Winona, una mujer fuerte y enigmática, una persona y dos personalidades distintas y opuestas, capaz de ocultar el sufrimiento con el escudo de la aparente reflejada en su nombre.
Sakura, una onna bugeisha, de espíritu medieval en el Japón de la Segunda Guerra Mundial, para quien vida o muerte no tiene importancia, ambos términos forman parte De lo que conocemos como vida
Todos ellos mantienen la rebeldía de la adolescencia.
    Por fin terminé la novela.

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